Canarias Despierta y Unida

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Carta al estimado señor Torres

Texto: Efrén Alemán García, periodista y aventurero de la verdad.

Foto: EUROPA PRESS (EUROPA PRESS)

Estimado Sr. Torres:

Me llamo Efrén Alemán García. Me considero un ciudadano preocupado por todo lo que está aconteciendo en esta distopía totalitaria que vivimos y tengo a bien dirigirme a usted, en este día en el que un sol de justicia se asoma a un cielo añil y transparente, porque quiero contarle algunas cosas que podrían ser de cierta transcendencia, aunque eso habrá de valorarlo usted mismo después de la lectura de esta carta.

En primer lugar, quisiera decirle que tuve el dudoso honor de asistir el pasado 24 de febrero a su breve discurso en las Jornadas de Derecho e Investigación. Cabe reseñar que se le notaba algo nervioso e incómodo tras la inesperada acogida de algunos miembros de Canarias Despierta y Unida — entre los cuales me encontraba—, mientras relataba con un inusitado nivel de cinismo e hipocresía la maravillosa gestión de las autoridades en la plandemia covidiana. Según usted, se “salvaron muchas vidas” y “se hizo lo que se pudo habida cuenta de que nunca se había vivido algo así antes”, entre otras lindezas.

En segundo lugar, y como respuesta a semejante añagaza y blanqueo de la macabra agenda cuyo cauce administra, me gustaría contarle de forma sucinta la historia de mi padre, un hombre que murió agonizante en el Hospital Insular tras tres semanas ingresado en la unidad de paliativos. Él llevaba unos tres años padeciendo un cáncer de oído que se mostraba estable. Aunque su salud no estaba al 100%, la plandemia trajo consigo el confinamiento y el freno total de su tratamiento de inmunoterapia durante más de seis meses en los que dicho cáncer desembocó en una metástasis en el cuello. Por desgracia, ahí no quedó la cosa.

Se puede decir que mi progenitor era alguien que detestaba todo aquello que oliera a tecnología. Basta con decir que no usaba ni siquiera un móvil y era el típico que aún se dirigía a la ventanilla de su banco para sacar su nómina mensual en efectivo. Por consiguiente, el único medio del que disponía para informarse era esa televisión que consagró todos sus esfuerzos a inocular miedo a una población vulnerable y desprotegida ante todas las atrocidades que se cometieron (muertes en centros de ancianos por las que se siguen sin rendir cuentas, entre otros). Si a esto le sumamos el hecho de que su oncólogo (tras decirle en diciembre de 2020 que no le recomendaba la vacunación), lo alentó a que se metiera por vena ese medicamento experimental al que llaman vacuna contra la COVID-19, podemos decir que aceptó en su mente que tenía que inocularse ese fármaco por “responsabilidad” y por “el bien común”, esos mantras que aún seguimos escuchando a día de hoy. Dicha inoculación tuvo lugar, finalmente, en el mes de junio de 2021. Un par de meses después, mi padre empezó a experimentar un deterioro sustancial de su salud y un empeoramiento brutal de los síntomas, hasta el punto de que, allá por el mes de octubre, ya sangraba tanto por el oído que gastaba rollos y rollos de gasas y papel higiénico. Su propia radióloga dijo que en su vida no había visto semejante propagación del cáncer (hasta en el muslo había metástasis) en su carrera. No puedo recordar todos esos momentos sin derramar alguna lágrima que otra, pese al tiempo que ya ha pasado.

Así pasaron unos meses más hasta que llegó el fatídico Día de los Inocentes del año 2021. Ese 28 de diciembre supe que mi tío no me estaba gastando una broma cuando me dijo que ingresaban de urgencia a mi padre en el Hospital Insular. Ahí ya supe que mi padre se moría, pero lo peor estaba por llegar. No hay que olvidar que, por aquellas fechas, se había implantado el famoso certificado COVID en casi todo el territorio español y con especial dureza en Canarias, donde no era posible, por ejemplo, sentarse dentro de un restaurante si no se disponía de dicho certificado, entre otras cosas hermosas.

Por dicha razón, y ante la negativa tanto de mi hermano gemelo como mía propia a inocularnos la terapia génica o pasar por el aro de una PCR o de un test de antígenos, tuvimos muchas dificultades para acceder a ver a mi padre moribundo en el hospital en sus últimas horas de vida. Así pues, estimado Sr. Torres, quiero preguntarle si de verdad cree que se ha hecho una correcta gestión de la plandemia al impedir que nosotros, los hijos de un padre agonizante, acompañáramos a un hombre vulnerable que se sabía morir y que pedía a su manera que estuviéramos ahí para servirle de bálsamo. Rememoro con mucha tristeza cómo, durante esas tres semanas de agonía (el exitus fue el 20 de enero de 2022), pasamos todo tipo de vicisitudes, entre las que cabe incluir la forma en la que, pese a haber accedido a hacerme una PCR, aún pretendían denegarme el acceso con el subterfugio de una cuarentena sacada de las mejores escenas de Hollywood, dado que resulta curioso que no se viera ningún traje especial y los sanitarios de la planta no portaran ni tan siquiera guantes en ocasiones en una coyuntura en la que se supone que la planta tendría que estar poco menos que forrada. Todo producto de un modus operandi por el cual gentuza como ustedes, Sr. Torres, han tratado de quitarse de encima a todos aquellos que, en su opinión, sobran en esta sociedad distópica. Aún hoy sigo curándome de las secuelas psicológicas que me dejó semejante situación sin sentido.

Por ende, dicho todo esto, ahora me gustaría dirigirme desde el corazón a usted y decirle, de ser humano a ser humano, si de verdad usted cree que se gestionó la crisis sanitaria de forma correcta, como usted afirma y qué habría pensado usted en mi lugar si, con la excusa de dicha crisis sanitaria, le impidiesen ver de todas las formas posibles a su padre agonizante en un centro sanitario. ¿De verdad creería todas las mentiras que largó por su boca en las Jornadas de Derecho e Investigación sin inmutarse apenas? ¿De verdad puede seguir durmiendo por las noches sabiendo todas las desgracias que esta plandemia nos ha traído consigo? Y ya no quiero extenderme más. Solo desearía pedir que, si esta carta llega a usted, reflexione y se pregunte si de verdad alguien se merece todo esto por haber ejercido su derecho a no inocularse un medicamento en que no confía o someterse a unos tratamientos más que dudosos para diagnosticar una enfermedad cuya existencia aún está por demostrar.

Le saluda atentamente,

Efrén Alemán García,

un ciudadano preocupado de tantos.

Video completo del paseo no tan triunfal de Ángel Víctor, del 24 de febrero de 2023 en las Jornadas de Derecho e Investigación celebradas en Las Palmas de Gran Canaria:

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1 comentario en «Carta al estimado señor Torres»

  1. Efrén mi pésame y mi solidaridad con tus palabras.Creo que prácticamente todas las personas hemos sufrido la pérdida o la enfermedad de nuestros seres queridos en está horrible plandemia.Mi mamá por suerte se salvó de un infarto provocado por los terribles trombos que le salieron por brazos y piernas después después de ponerse el veneno.Es terrible la de personas que han muerto y siguen muriendo por este experimento y lástima que ninguno sea por ejemplo el repugnante Torres , Sánchez,Feijoo,Revilla y tantos criminales tanto políticos ,médicos y periodistas.Viva el grupo Canarias Despierta y Unida.Un saludo María José

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